No hay trascendencia donde refugiarse e incluso hace tiempo que la tierra se derrumbó sobre la caverna platónica desde donde se veían las sombras. La poesía de Mario Arteca está en un lugar exacto: al costado. Desde allí todo se ve ligeramente extraño pero cada cosa tiene un tiempo indeterminado y moroso, porque el lenguaje lo precisa con una minuciosidad extrema. Pero cuando ese artesonado comienza para él, todo comienza a salirse de lugar, porque nada empieza verdaderamente, ni termina sino hay mezcla, simultaneidad y combinación en una incesancia de sentidos. Como en la poesía de Arteca todos los discursos y todas las cosas valen igual, aquello que de pronto quiere prevalecer con lo que obliga a decir es reducido a lo que es: una violencia, un dominio, un abuso de poder. La poesía de Arteca es política incluso cuando mira un cuadro, porque lo desmarca. “La única literatura es la que extenúa su fardo –escribió en Cinco por uno– fabricando divisa falsa (pero no todo escritor es un vendido)”. Jorge Monteleon

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