"(...) En su poesía hay un movimiento constante hacia los detalles más íntimos, como si de ese modo, pudiese ella encontrar un refugio al tormento y la angustia que la habitan. Tremendamente aguda, hizo uso de la ironía para decir y decirse. Sin caer nunca en el patetismo, cantó las más horribles tragedias en un tono casi coloquial, cotidiano, que actúa sobre el papel como un espejo ineludible (...) Fragmento del Epílogo, de Verónica Zondek.

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