“El siglo XIX vio producirse uno de los grandes hechos de la historia del espíritu y nos legó la tarea, poco asumida después, de medirlo, de apreciar sus peligros, de percibir sus aportes posibles. Este hecho es la banalización del descreimiento y el efecto que tuvo sobre el trabajo de los poetas. ”Baudelaire se plantea la pregunta por la existencia de Dios pero debe resignarse a comprender, al menos en momentos que están en el centro de su atención, que no cree. Ocurrirá lo mismo, de manera más resuelta pero no por eso más radical, con Mallarmé, con Rimbaud. Estos poetas saben mantener sus ojos sobre las cosas próximas, objetos de la vida cotidiana o aspectos del ser sensible, en la profundidad de los cuales la percepción de una trascendencia es un hecho de simple evidencia; sin embargo, la creencia en algo más que esta realidad que se da en lo inmediato se apaga en ellos, y se encuentran allí, en tan solo algunos poemas, los acontecimientos que permiten pensar que afectarán muy profundamente a la sociedad entera. ”El siglo XIX, desde el punto de vista que menciono y que considero fundamental, no solo fue el siglo de Michelet o, en el ocaso, de Marx y de Nietzsche, casi el de Freud, sino también, al menos en Francia, del autor de Las flores del mal.” En este volumen, tomo en consideración algunos poetas que asumieron de diversas maneras, directa o indirectamente, la herencia de Baudelaire, como Mallarmé, Laforgue, Valéry, Hofmannsthal. Yves Bonnefoy

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