Como en una botella de Klein o en las geometrías euclidianas de Gauss y Lobachevsky, en el imperio brodskyano todo es puro vértigo y desasosiego de espacio infinito, todo ondula en la oblicuidad del universo, todo se distorsiona, se desploma o levita, indefectiblemente, en la curvatura del espacio-tiempo, y "sólo de un rincón cubierto de polvo y telarañas/ podría decirse con justicia/ que está en ángulo recto". De hecho, si nos detenemos a observar en detalle, la arquitectura poliédrica, inestable, casi patafísica, de San Petersburgo, parece reflejarse, como en un espejo convexo, en la agreste geografía marítima de Cape Cod, y algo parecido ocurre con la superficie de la lengua inglesa, descapotada, de pronto, por las fluctuaciones gramaticales y el roce fricativo del idioma ruso. Walter Cassara

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